Afortunado: la cara y la cruz

En mi último post os contaba que estaba cansado, así que ahora quiero contaros lo afortunado que me siento, por aquello de la de cal y la de arena, y además se lo debo a una persona que me ha dejado entrar en su alma y que, a diario, sufre los inconvenientes de que tu pareja sea afortunad@.
 
Pues eso, afortunado porque hace 14 años empecé a desarrollar una profesión que se ha convertido en mi pasión: restaurador (según la RAE: 3. m. y f. Persona que tiene o dirige un restaurante. U. t. c. adj.). Una profesión que, dependiendo del tipo de local en el que se desarrolle, puede llegar a consistir en lo que la mía es hoy por hoy: “cuidar y mimar a las personas”. Dedicarles todo tu cariño y tu tiempo para que disfruten del rato de ocio que tienen. Trabajar el ocio es muy bonito, tus clientes siempre están contentos, relajados, disfrutando y eso se transforma en momentos realmente mágicos. 
 
Tengo mil anécdotas en mis recuerdos, pero hay algunas que me ponen los pelos como escarpias, cuando alguien se levanta de la mesa y simplemente te dice: “quiero abrazarte porque me has hecho muy feliz”, cuando en la mesa 10 se declaran su amor y se piden matrimonio, cuando en la mesa 6 le cuenta ella a él que van a ser papás, cuando los de la mesa 12 se dan un beso furtivo o cuando en la mesa 2 miran con ilusión a nuestro equipo en la cocina. Cuando aquella niña, hoy amiga, entró por primera vez en la cocina a darle las gracias al equipo por ese postre de chocolate o aquella boda en petit comité que acabó conmigo pinchando y todo el equipo e invitados bailando. Son innumerables los momentos bonitos, los momentos mágicos que he vivido y sigo viviendo. Si a esto le añades el evento de la Cena de los Sentidos, entonces ya sobran las palabras para transformarlas en una sonrisa permanente.
 

Pero todas las monedas tienen una cruznuestra gente. Soy feliz padre de la niña más bonita del mundo, lo siento soy su padre :), y durante varios años he vivido con ella, con su mami y con su hermano mayor. Salir un domingo a trabajar y acercar a tu niño a casa de los iaios e intentar explicarle que te vas a trabajar para recoger dinero y comprarle juguetes conlleva recibir una respuesta inesperada:“tío yo no quiero dineritos, quiero estar contigo”. Dejar a tu hija en casa de una maiga, los iaios o tu hermana para irte a trabajar, a veces se transforma en un llanto inexplicable que taladra tu alma porque no quiere quedarse sin ti. Salir un jueves a trabajar a las 20 horas cuando tu pareja llega a casa con ganas de ti y encontrártela durmiendo cuando vuelves a las 3. Acostarte cada noche besando 3 cuerpos dormidos sin poder recibir respuesta a tu beso y tus caricias. Dejar a tu pareja un sábado o un domingo soleado de primavera todo el día sola porque tú tienes que dar de comer a un montón de familias que hacen lo que a ti te gustaría hacer. Hay otras aún peores como enterarte que tu padre está ingresado a punto de morir en pleno servicio de sábado noche con  la sala a rebosaro recibir una llamada que te dice que tu hija está ingresada un viernes con la sala llena.Ésta es la cruz compadres, vives al revés del mundo y trabajas cuando todos descansan para descansar cuando todos trabajan y no poder abandonar tu trabajo ante una emergencia inesperada. Un buen compañero me dijo hace años que nuestra profesión es una obra de teatro con dos pases diarios y sin apuntador.

 
Pero cuando lo pones todo en la balanza, te das cuenta que como dijo el gran Rosendo, son maneras de vivir y como tales has de aceptarlas y disfrutarlas. ¿Acaso no piensa lo mismo un bombero, un médico, un técnico de mantenimiento de una fábrica o un funerario?. Todas las profesiones tienen su cara y su cruz, pero, al menos la nuestra, compensa con creces pues trabajar en un entrono de ocio, con sonrisas y abrazos no tiene precio.
 

Tengo la gran suerte de trabajar en lo que me gusta y poder desarrollar mi pasión, ilusión y conocimientos y además, tengo la gran suerte de que esto me permite descubrir grandes personas con ganas de contagiar ilusión, pasión y sobre todo cariño.
 
Gracias a tod@s los miles de comensales que he cuidado, mimado y servido porque con vuestras sonrisas me habéis hecho un poco más feliz.
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Categorías: Mi experiencia como restaurador | Etiquetas: , , , | 6 comentarios

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6 pensamientos en “Afortunado: la cara y la cruz

  1. Precioso!!! Tienes toda la razón!! No hay nada más satisfactorio que trabajar en lo que te gusta y hacer felices a otras personas al mismo tiempo. Enhorabuena!!
    Nuria

  2. Sabes que si algún día surje algo inesperado no tienes más que coger el teléfono y marcar mi número, por suerte dejé la gran distribución hace tiempo, pero me acuerdo de todos esos momentos llegando como un furtivo a casa.
    No sabre de restauración pero cuando a un amigo le hace falta algo aprendo rápido.

    Un abrazo amigo y fenomenal post.Nos haces pensar

  3. Gracias Núria, ya sabes que todo lo que sea alimentar al prójimo es muy satisfactorio 😉

  4. Gracias Ricardo, es genial poder contar contigo, lo sabes. Una abrazo 😉

  5. Ay, Sargantano: qué bien lo has explicado. Bien sabes que “sufro” en mis carnes el convivir con un enamorado de su trabajo en un restaurante, con todos los inconvenientes que has nombrado: Navidades, cumpleaños, celebraciones en general, con el gran ausente: mi marido, que en ocasiones es como la mujer de Colombo, que hablo de él pero nunca aparece. Hace poco tiempo, en nuestra falla, una niña se acercó a mi y me preguntó: “El papá de Paula, ¿está muerto?”. Me descolocó. Reconozco que muchas veces me he enfadado por ser la “single”, siempre sola…
    Pero lo cierto es que pesa más lo positivo: que mi marido trabaja en algo que le apasiona, que siempre está de buen humor y llega de trabajar silbando, que le encanta ser cómplice de los momentos importantes de familias que eligen disfrutar de su ocio donde él trabaja, y lo más importante: el tiempo, como otras muchas cosas, no es cantidad sino calidad; y al final la felicidad es una cuestión de voluntad.
    He aprendido a convertir un martes en domingo, y a que los momentos especiales, no los marque el calendario.

    En plena crisis, mi marido ha dejado dos trabajos y ha elegido donde trabajar; porque es bueno en su trabajo y lo hace con pasión. Es un auténtico privilegiado, y su felicidad es la nuestra.

    Gracias de su parte también, al leerlo ha dicho “Amén”.

    Un abrazo, y gracias por ser un profesional del cariño

  6. Sin vosotr@s Carmen mi cariño no tendría destino y entonces mi camino no tendría sentido, gracias de corazón 😉

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