A la valenciana

Frase antológica que un buen amigo me repite cada vez que visita nuestra tierra, él viene del norte y no deja de sorprenderle nuestra manera de vivir y de hacer y lamento reconocer que a mi tampoco.

Llevamos varios días oyendo y leyendo cómo los trabajadores de RTVV declaran y destapan mil fraudes, chanchullos, presiones y decisiones. Conozco a muchos trabajadores de este ente y algunos de los que enarbolan la bandera de la revolución, nada decían cuando estaban en el grupo presidencial viviendo a cuerpo de rey, viajando por todo el planeta conocedores de que eran muchos más de los realmente necesarios, si es que fuera necesario destinar un equipo de 6-8 personas a contar las “hazañas” del “president”.

No está de más recordar al Valencia  CF, ese equipo que todos adoraban y alababan su “gran idea” de hacer un nuevo estadio a lo grande, como en Dubai (qué cojons, som valencians!!). Esos mismos ahora critican la deuda multimillonaria en la que han sumido a la ciudad, porque gracias a las relaciones  esa deuda acaba siendo de todos, con intermediación de algún banco, caja o similar. esos mismos ponen el grito en el cielo al ver cómo la pobreza se adueña de su día a día.

O quizás debamos recordar a aquellos que tras las faraónicas obras del metro, la ciudad de las artes y las ciencias o el puente de las flores, justificaban toda la inversión (deuda a día de hoy) diciendo que Valencia estaba muy bonita y que eso traería turistas.

También están los amigos de la Fórmula I, la hípica, el tenis, el padel y una larga lista de eventos que han costado cifras astronómicas a nuestra gente y que nos hacen arrastrar una deuda que nadie sabe cuando terminará de ser pagada.

Todos esos que alababan lo que iba sucediendo son los mismos que ahora ponen el grito en el cielo y así nos va. Amo mi tierra y me siento orgulloso de ella pero, lamentablemente, no me pasa lo mismo con sus gentes.
En estos lares sólo se reacciona cuando la mierda ya no permite respirar, hay que guardar las formas por encima de todo y aparentar que todo está bien, mantener el BMW aunque sea aparcado en el garaje y decir que todo esto pasara. Son muy pocos los que reaccionan, los que abierta y públicamente intentamos agitar conciencias, más allá del mero hecho de quejarse mientras hablas con la vecina de turno en el ascensor. Unos pocos que han salido a la calle a luchar por nuestros derechos (los de todos) y que son mirados como “radicales” por esta rancia sociedad anclada en un sueño que nunca existió y rodeada de lujos que nunca pagó.

Supongo que serán también pocos los que quieran admitir que vivimos en l’horta, que somos una ciudad dónde no hay aristocrácia ni indústria, dónde el turismo cada vez es de peor calidad y dónde se hacen inversiones multimillonarias en castillos de palillos mientras los barrios más tradicionales (cabanyal, carmen,etc.) agonizan por falta de fondos e intereses económicos sin olvidar el resto de barrios abandonados a su suerte.

Si miramos el panorama empresarial la cosa es aún peor, pues estamos rodeados de empresaurios (término desarrollado por un chico majo y no soy yo), esos especímenes grandes en tamaño pero con un cerbero minúsculo que no les deja ver más allá de su palco en el fútbol, su barquito o su correspondiente cena con Pitita o Borjamari, eso sí benéfica que siempre piensan en los demás. Incapaces de adelantarse a los malos tiempos y anclados en sistemas de trabajo del pleistoceno.

Vivimos en la tierra del pensat i fet, del això ho pague jo! y de això es té que arreglar, ja ho voràs y así nos va, pero no todo está perdido, no pienso perder la esperanza en el ser humano y por aquí, de momento, somos humanos, pero hay algunas personas, personas que piensan en los demás, personas que desarrollan proyectos apasionantes y bien estructurados, personas que luchan por cambiar nuestra tierra, que no nuestras costumbres y que defienden nuestra identidad como pueblo, aunque se vea sometida al estado español, pero con identidad propia.  Por esas personas vale la pena seguir luchando, no quiero decirle a mi princesa cuando sea una adolescente que aquí en una tierra tan mediterránea no tiene futuro y que debe de emigrar.

Así que dejemos de discutir si la bandera debe de llevar banda azul o verde, si el puente de las flores tiene que tener gardenias o geranios y empecemos a luchar por lo que realmente importa, nuestro presente y nuestro futuro y desbanquemos a eso ladrones que nos han sumido en la miseria y que día a día se pasean en sus coches oficiales con matrícula de hace un año pavoneándose en los actos culturales como si no fueran posibles sin ellos. ¡Es momento de revolución y ellos son pocos y cobardes!

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Categorías: Uncategorized | 2 comentarios

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2 pensamientos en “A la valenciana

  1. ivan

    Hola Juanra he intentado contactarte por Twitter sin exito.

    Podrias darme un telefono?

    IVAN

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