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¿Y ahora qué?

Parece que empieza a verse el final del estado de alarma tras la pandemia del Covid19, nadie está contento con las medidas, si se sale porque se sale y si no se sale porque no se sale. En fin no voy a entrar en estos temas que los dejo a los científicos, que de todo esto saben bastante más que un servidor.

20130410-161039.jpgUn servidor es un humilde cocinero que se ha embarcado ya en varias aventuras empresariales, y las llamo empresariales por definición académica no porque así las sienta, para mi es una forma de vida; cocinar y cuidar de las personas, esta es mi máxima desde que tengo uso de razón. Entiendo que cuando te dedicas a una profesión de ocio te tiene que gustar ver felices a las personas, a todos nos gusta ver felices a nuestros clientes, más allá de hacer una cocina molecular o un pote galego, nuestro objetivo es repartir sonrisas, ver felices a nuestros clientes, verlos sonrientes y agradecidos.

20171001_092844Durante toda la cuarentena he seguido abriendo mi pequeña Casa de Comidas Para Llevar, Sargantana, los que seguís en RRSS ya sabéis para quien he cocinado: el Comandante Viudo y retirado que no sabe cocinar, los médicos militares de la base de Bétera que duermen en Residencia, los sanitarios del Clínico y, en las últimas semanas, gente sin recursos dentro del proyecto de #ValenciaSolidaria. ¿Porqué os cuento esto?, porque, a pesar de haber facturado un 5% de lo que habitualmente facturamos, a pesar de tener un agujero en el banco que ríete tú del ozono, a pesar de levantarme cada mañana con la esperanza de un niño que espera a los reyes para mirar el banco a ver si ya han ingresado el préstamo ICO que firmé hace 15 días, está siendo una época profesional realmente enriquecedora.

No voy a negar que no tengo miedo, más bien pánico a todo lo que está viniendo, ya cerré un restaurante tras la crisis del 2008 y viví la persecución de tus deudores, incluido el estado, ahogándote económicamente y al borde de un ataque de estrés, hasta sufría ataques de ansiedad. Son tiempos muy duros y confío, llámame tonto, en que cuando haces el bien y no miras con quien la vida te recompensa, confío en que nuestros clientes recuerden el cariño y la pasión que ponemos en nuestro trabajo y vuelvan a nosotros para que podamos disfrutar de una vida digna y honrada.

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Preparando raciones para #ValenciaSolidaria

Y ahora ¿qué?, y esto viene en parte por mi negocio y en parte por el discurrir de la vida. ¿Dónde van a comer todas las familias para las que he cocinado y que no tienen recursos? ¿Van a volver todos los clientes que teníamos?si en todos estos días apenas he recibido una docena de pedidos a domicilio de clientes nuevos ¿dónde están nuestros clientes?, ya lo decía el Robe ¿ dónde están mis amigos? y no, no aceré en decir que están encerrados sin motivo. El motivo ha sido muy poderoso, creo que ahora toca lamerse las heridas, recuperar las fuerzas y apoyarse en las sonrisas, cocinar cada día con más pasión y confiar en que el público (que no el mercado) reconocerá tu trabajo viniendo a comprar a tu casa.

Es tiempo de reestructurar toda nuestra vida, de recuperarnos económica y anímicamente y, sobre todo, es tiempo de solidaridad en el más amplio espectro de la palabra, ya hablé de ella en otro post curiosamente llamado: “Ese virus llamado solidaridad”, que podéis leer en este mismo blog.

Peña, es tiempo de arremangarse y ayudar consumiendo en el barrio, en los pequeños comercios, en las pequeñas empresas, en gastarse lo del Mcburger del viernes en el bar de barrio. De comprar en la frutería de la esquina y disfrutar un sábado por la mañana del mercado, de andar 10 minutos más para comprar esa lámpara que Amazon nos pone cómodamente en casa, porque vale la pena, valdrá la pena porque nos devolveréis las sonrisas a los que no dedicamos a conseguirlas.

Y no quiero cerrar esta entrada sin agradecer a todos y cada uno de los colaboradores que hemos tenido su generosidad y su dedicación y un gran GRACIAS a mi mujer Inma, ella ha aguantado mis lágrimas, mis cabreos, mis frustaciones y espero y deseo que siga aguantándolos, a pesar de que, cada día más, me voy transformando en un viejo cocinero gruñón que pretende cambiar el mundo que nos rodea. Sed felices, esto nadie nos lo podrá quitar

 

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Feliz No Navidad

Es curioso como la vida te va trayendo cosas, como te muestra caminos, te cruzas con árboles, pájaros, tortugas, leones y hasta algún vampiro, pero lo que realmente me sorprende es como reaccionamos las personas ante todo ese cúmulo de variables externas, como interpretamos las diferentes señales que encontramos en este camino de la existencia.

Nunca he sido muy navideño, supongo que el espíritu se apago en mi aquel día que descubrí la realidad que la sociedad pegó a mi alma, cuando fui consciente de la injusticia que nos rodea, de la avaricia, de la envidia y del rencor que habita en tantos corazones.

Hoy terminan unas navidades más, pero éstas han sido muy especiales, las he vivido con mi hija, cosa que no podía hacer desde que nació dada mi profesión, nos ha acompañado una persona recién llegada a mi vida, pero que lleva toda mi existencia muy cerca y las he vivido desde la tranquilidad.
Veo la existencia desde la paz del alma, desde la tranquilidad del corazón y desde la ausencia de envidias y rencores, miro hacia delante sin olvidar lo de atrás, pues soy resultado de mi experiencia, pero sobre todo la veo desde el amor, ese concepto tan prostituido, tan vapuleado y tan poco valorado.

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El amor mueve el mundo, el amor por los hijos que nos contagia de su ilusión y sus ganas de vivir, el amor por lo que haces que te ayuda a seguir adelante, a ver oportunidades dónde otros ven fracaso, el amor por la familia, con la cual se hace cierto el refrán de “ni contigo ni sin ti” y el amor por la pareja que te hace ver la vida con una perspectiva muy especial.

Pero lo que realmente he descubierto esta navidad es que amo desde la libertad, que tengo una relación abierta y cada mañana escojo a la misma persona para seguir compartiendo, que amo a mi hija incondicionalmente y que amo la vida desde la libertad de saber que no es perfecta pero eso es lo que la hace única y apasionante.
Estoy en un momento zen, un momento de esos donde la paz, la tranquilidad y el conocimiento te hacen ver el camino con una perspectiva tranquila y esperanzadora.

No hay proyectos en marcha, no hay metas a conseguir, hay objetivos bien claros: ordenar, retomar y no dejar de amar.

Os dejo confiando en que este mal llamado espíritu de la Navidad dure todo el año y que recordemos que la solidaridad, la amistad, el amor y el respeto es algo por lo que debemos luchar los 365 días del año independientementd del clima que haga o las lucecitas que decoren nuestro entorno.

Feliz comienzo de la No Navidad, nos vemos Peña

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