Archivo mensual: febrero 2014

Una relación abierta…

En una noche de luna llena con un dolor de cabeza infernal aparece ante mi una frase que salió de una broma entre amig@s para mostrarse como una filosofía de vida: una relación abierta. Según la wikipedia una relación abierta es : “es una relación, unión libre o matrimonio respectivamente, donde ambas partes acuerdan tener permiso para tener relaciones sexuales fuera de la pareja, sin considerar esto como una infidelidad sexual.”
Una relación abierta como la que mantienen los miembros del grupo de rock Marea, dónde su cantante Kutxi sigue con sus proyectos personales, el batería Alen funda Ciclonautas, su bajo el Piñas debuta con Malaputa Rock y el resto de componentes (César y Kolibrí) siguen colaborando en diversos proyectos. Pero no por todo esto desaparece Marea, pues forma parte de su vida y cuando les apetece, les pica o les place se juntan y sorprenden a todo el elenco del rock nacional e internacional con un disco y una gira que nos dejan boquiabiertos.


Una relación abierta como la que mantienen los ahora llamados freelance (para mi siempre serán profesionales autónomos), personas que ponen toda su experiencia y conocimiento al servicio de marcas y empresas para ayudarles a crecer en distintas áreas. No se casan con nadie ni se cierran en banda y es eso precisamente lo que les hace tener una visión mucho más amplia del mercado, van de aquí para allí creciendo profesional y personalmente y enriqueciendo su capacidad con todas las experiencias vividas, las buenas y las malas. Son personas dispuestas a ser sinceras y a dar su punto de vista con un sólo objetivo: mejorar la empresa. Eso sí hay que buscarlos de los honrados, que vendedores de humo ya tenemos muchos.

Una relación abierta (en lo personal) es, a priori, algo impensable para nuestras cortas mentes, pero no voy a hablar ni de amor ni de sexo, no en sus formas convencionales. El mundo empresarial, el mercado es un medio en el que tenemos que seducir, bien sea con nuestro producto o con nuestro servicio, pero somos tan sumamente inmaduros, en lo profesional, que los celos no tardan en aflorar y aceptamos a pies juntillas pagar a alguien (externo) para que haga algo que nosotros mismos podemos hacer si tuviéramos esa relación abierta con nuestro entorno empresarial y personal.
No pretendo tirar ninguna piedra a l@s profesionales autónom@s, al contrario los admiro a casi todos. Pero esta mentalidad empresauria hace que esos grandes jefes que todo lo saben sólo tengan en cuenta las nuevas ideas, las mejoras y las aportaciones cuando vienen del exterior. Parece que las personas que tiene en su relación no pueden, ni deben, ver a otras personas/empresas porque quizás aprendan algo más y acaben yéndose.
Creo que tenemos que exterminar ya esta arcaica creencia, desde siempre he defendido que una empresa es mejor cuanto mejor son sus colaboradores, sí esos seres que trabajan a cambio de una nómina, pero much@s de ell@s lo hacen también por pasión, por ilusión, por que creen en lo que hacen y porque siguen luchando por mejorar su sector, su entorno o su empresa (y eso que no son socios ni propietarios).
Así que desde aquí quiero recordar, humildemente, que es tiempo de seducir, seducir a nuestro cliente objetivo con nuestra oferta empresarial, seducir a nuestro equipo con nuevas metas, escuchando activamente y analizando y seducir a la vida, pues el premio mola pero el camino mola más.
Saquemos nuestra armas de seducción y, como consejo personal aunque no me guste darlos, recordemos que una relación se basa en el respeto, la admiración y el cariño, sólo así conseguiremos una relación abierta, tan abierta que por muchos “rolletes” que tengan fuera de la misma, siempre querrán volver dónde mejor se encuentran: con nosotros.

Yo tengo una relación abierta y tú ¿crees en la relación abierta? 😉

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Ese virus llamado solidaridad

Aquell@s que me conocen saben bien que siempre he defendido la solidaridad y ayudar al prójimo como un valor y principio fundamental del hecho de ser persona. Siempre he defendido que está bien luchar por que no se extinga el amazonas, pero muy cerca tenemos otros espacios, acciones y personas que necesitan de nuestra ayuda, aunque eso no resulte tan molón frente a la sociedad que nos rodea (y su consiguiente reconocimiento social) , pues la solidaridad suele practicarse en la intimidad.

Durante quince años de mi vida dediqué gran parte de mi tiempo libre a acciones solidarias, apoyando pequeños colectivos de nuestra ciudad tales que necesitan colaboradores, desde minusvalías hasta familias de acogida, pasando por terminales de SIDA, familias de acogida o niños oncológicos.  Creo firmemente que la crisis que ahora nos acontece es una crisis de valores, es cierto que se refleja como una crisis económica que hace tambalear un falso estado de bienestar, pero la esencia es que estamos cada vez más cerca del “perro come perro”. La superviviencia como factor común de una sociedad en la que los individuos luchan por su bienestar propio sin importarles las consecuencias que puedan tener en su entorno.

Sí vale, tod@s somos muy solidari@s firmando las peticiones de Avaz o Change.org pero creo que pocos aplican esto en nuestro día a día, aunque conozco muchos casos que sí, quizás porque intento rodearme de personas, más que de humanos, pero creo que deberíamos empezar a pensar en la viralización de la solidaridad, al igual que viralizamos contenidos en la red. La próxima vez que tu anciana vecina intente subir la compra con su dolorida espalda, párate a pensar si puedes echarle una mano, cuando esa señora intente subir el carrito del niño al bus, quizás puedas ayudarla, incluso ese vecin@ con el que nunca has hablado, esa familia que sabes que lo está asando mal, o ese amig@ que acaba de ser padre/madre, puede necesitar de tu ayuda, poco cuesta echar una mano al prójimo sin necesidad de publicar a los cuatro vientos que somos muy solidari@s y molones.

Emanciparte de tu esclavitud mental
Nadie excepto nosotros mismos puede liberar nuestras mentes

Aquí dejo mi humilde reflexión, confiando en que algún día la solidaridad se transmita como un virus pandémico que consiga llegar a cada rincón de este planeta, yo de momento aportaré todo lo que pueda y educaré a mi pequeña princesa recordándole algo tan sencillo y tan importante como que “compartir es vivir” y que todo el bien que produzcas a tu alrededor redundará sobre ti, aunque el resultado sólo sea tener un sueño más tranquilo, puedo asegurar que valdrá la pena.

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